martes, 30 de octubre de 2007

Desde el otro lado del charco

Poco a poco las aguas se aquietan. La avalancha de mails de diarios ha disminuido y con ello el primer shock. A todos nos costó mucho reintegrarnos a nuestros hogares (o lo que sea), por lo que leí. Y Cuba, como alguien escribió por ahí, ya es parte de nuestro pasado. Ahora son fotos, videos, recuerdos... Y es también un speech que se va estandarizando ante la avalancha de conocidos que quieren saber del viaje y siempre hacen las mismas preguntas. "Todo el país es un mercado negro", "casi no había publicidad en las calles o almacenes", "es muy bonito, pero la revolución no tiene futuro" repite uno ante cada cuestionario.
Pero Cuba es más que ese cuestionario. Y no es un recuerdo anquilosado, para nada, es algo que probablemente nos ha cambiado sin que nos diéramos cuenta... Pero tampoco quiero extenderme en eso, o va a sonar muy, pero muy ñoño.
Hoy me junté con Angélica y no estábamos en nuestro día más alto. Íbamos muy bien en nuestra readaptación con Chile y ¡zas!, de repente nos vino una decaída y el discurso se nos llenó de Bucaneros, ron, perreos y demases... Pero reaccionamos rápido y nos dimos cuenta de que no podíamos quedarnos pegados en eso, no es sano estar permanentemente añorando lo perdido (lo que vale para muuuuchos ámbitos). Así que manos a la obra y a usar esa energía que nos da este instante, a aprovechar esa incomodidad para hacer cosas, para darle un giro a la vida. "Este es mi momento", me decía Angélica, "y si no hago algo ahora, voy a cagar, me voy a casar y voy a tener hijos". Por eso, hoy dimos inicio a nuestro proyecto, que tiene que ver con la isla y tiene que ver también con esta otra isla, la que está entre los Andes y el Pacífico.
Me pregunto qué va a pasar con esa idea y con todas las que ustedes tienen. Si vamos a hacer capaces de aprovechar esta energía que nos dio el viaje y la experiencia en la escuela. Hace un rato estaba hablando con mi hermana de eso por su reciente viaje a Italia. "La juventud es tan corta", me decía, "que al final creo que uno tiene que hacer todo lo que quiera mientras le dé el tiempo".
Y creo que tiene razón.

1 comentario:

El centro incandescente dijo...

Amigo, compañero y colega,
Cuando era pequeña mi padre me enseñó dos cosas que nunca olvido: a defenderme y a jugar a fútbol.
Lo primero me permite vivir en cualquier parte del mundo -y muy lejos de morir- disfruto metiendome en el tumulto porque no hay nada que temer. Hay que ser un mono porfiado que se para, no se calla y lucha.
Y la segunda me sirvió mucho más... aprendi que cuando te tiran un pase desde el arco - Dios - hay que mirar de frente la pelota y no taparse la cabeza para evitar que te golpee. Por el contrario la miras de frente y preparas tu cuerpo y cabeza para hacer el gol.
El guionista que vive dentro de nosotros nos exige mirar este pelotazo de frente.
¡¡¡Se siente, se siente, Allende está presente!!!
...y vive en la Habana.
Venceremos camarada César!

Ange